Distancia. Lo sabes. Deberías poner distancia a este amor que no tiene ni pies ni cabeza. Pero no puedes. La distancia hace el olvido, y aunque sabes que lo correcto sería olvidarlo, algo hace que no pares de pensar en él. Algo hace que tus manos, como si no pertenecieran a tu cuerpo, pierdan el control y le escriban un mensaje... sólo para ver si él está ahí. Y cuando pierdes la esperanza y empiezas a decirte que esto tiene que acabar, que no puedes seguir suspirando por un amor que ni siquiera existe, él contesta. Tu corazón se para por un instante y saboreas una ilusión. Cuando esa ilusión llega en las frías noches de noviembre, sabes que caerás en la tentación y pronto te verás atrapada por el calor de sus ojos. (S)
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